Fouché. Retrato de un hombre político

En el transcurso de menos de tres décadas, la Revolución que en 1789 sacudió Francia, fue causante de una serie de acontecimientos que hicieron al país mutar de un reino a una república, para después convertirse en un imperio, que sería sucedido por una monarquía como la inicialmente depuesta.

En toda esta vorágine de sucesos y cambios, muchos fueron los personajes que, tras alcanzar la cumbre del poder, cayeron inmisericordemente: Danton, Robespierre, Talleyrand, Napoleón… En este agitado torbellino hubo un hombre que consiguió sobrevivir y afianzarse hábilmente mientras sus enemigos eran derribados, ganando progresiva autoridad e influencia, hasta convertirse en una figura igualmente temida como respetada. Nos referimos a Joseph Fouché, protagonista de la presente obra de Stefan Zweig.

Fouché, Retrato de un hombre político – Stefan Zweig (Editorial Acantilado)

Su biografía presenta una impresionante carrera que, estando aparentemente destinada a resultar intrascendente en el devenir de la Historia, cambiará a raíz del estallido de la Revolución. 1789 marcará un punto de inflexión a partir del que, de ser un humilde e insustancial profesor de seminario, escalará en los sucesivos años a diputado en la Asamblea Nacional, comisionado del Comité de Salud Pública, senador y ministro de varios gobiernos, e incluso, duque de Otranto. ¿La clave de tan fulgurante ascensión? Poseer una perspicacia, un sentido de la oportunidad y una ambición desmedidos, no siendo leal a nadie ni a nada más que a sí mismo, algo diabólicamente irónico en un personaje que firma sus documentos como el “más fiel servidor”.

Resulta imposible definir a Fouché en base a sus ideas, siendo alguien que no duda en adherirse como moderado girondino, radical jacobino, diligente bonapartista o firme realista según la dirección en que sople la tempestad política del momento. Él es el primero en conocer a dónde apuntan los vientos del cambio. Su labor de creación de una extensa y eficiente red de espionaje, fruto de su posición como ministro de Policía, le permitirá tener ojos y oídos en todos los rincones del país, lo que también supone sobre sus propios compañeros de gobierno.

Es terrible, pero necesario – Grabado anónimo que muestra los rostros de ilustres personajes muertos en la guillotina durante la Revolución

El siempre mordaz y taimado Talleyrand, por un tiempo aliado, pero mayoritariamente rival de Fouché, acertadamente definirá su cargo ministerial de la siguiente manera: “el ministro de Policía es un hombre que se ocupa, en primer lugar, de todos los asuntos que le incumben, y en segundo lugar, de todos los que no le incumben”.

Disponiendo en su poder de semejante información, es conocedor de cuándo abandonar a tiempo una empresa perdida: Fouché solo milita en el partido vencedor. Pronto también dispondrá de manos con las que poder controlar los hilos de la política. Es responsable de varios golpes de mano que cambiarán el curso de Francia, pactando indiferentemente con los nuevos hombres poderosos, y condenando a sus antiguos aliados para acallar su deserción. Los que ejercían el dominio ayer serán sustituidos por los que lo harán mañana, siendo Fouché el responsable de hacer realidad dicha transición.

Fouché es un personaje en extremo desapercibido y oculto en las sombras, pero de una importancia primordial para la conformación de la historia de Francia y de Europa tal y como la conocemos.

Napoleón poniendo fin a la farsa de la Igualdad en Saint Cloud – caricatura de James Gillray que muestra al «corso» encabezando el golpe de Estado del 18 de Brumario, un acontecimiento fundamental en el ascenso napoleónico, y en el cual Fouché desempeñará un papel crucial para su consecución

La aproximación adoptada por el escritor austríaco Stefan Zweig para narrar la biografía de Fouché se inclina por analizar la que es la faceta más interesante, compleja y, a la vez, enigmática del personaje, adentrando al lector en las motivaciones y rasgos de su psicología. Así, logra construir un relato que discurre no de manera paralela, sino fusionado e indisoluble con la dirección que adopta Francia a partir de la Revolución.

El impecable y magnético estilo de escribir de Zweig, que mantiene al lector inmerso en la narración, aunado a la ya de por sí atrayente y excepcional vida del príncipe de las sombras, ofrece una gran historia tanto para apasionados en la materia como para personas que busquen el suspense y las maquinaciones propios de una novela de espías.

A su vez, esta obra constituye un excelente punto de partida para adquirir interés y empezar a investigar sobre los personajes y sucesos desencadenados por la Revolución: las divisiones políticas en la Asamblea Nacional, El Terror jacobino, la inoperancia de los distintos gobiernos republicanos, las futuras guerras napoleónicas… Sin duda, lo que se ofrece en las páginas del libro son varias temporadas de una extensa serie de época, reunida en un solo personaje, un Argos guardián y vigilante en los turbulentos tiempos del cambio de época que dan comienzo a la Edad Contemporánea.

Toma de la Bastilla – Henri Paul Perrault 

El prólogo a la obra en 1929 incluye una cita que refleja una circunstancia que se podría ajustar perfectamente a nuestros tiempos: “dada la pobreza propia [de hoy] en figuras de liderazgo políticamente creativo [se] busca ejemplos mejores en el pasado”. Lejos de considerar a Fouché un personaje objeto de admiración, Zweig advierte que, pese a la preferencia de la sociedad por conocer biografías heroicas, copadas por hombres de nobles ideales e inmensas conquistas, resulta trascendental atender a la peligrosa actividad de aquellos que permanecen en un segundo plano, y que son quienes verdaderamente mueven los hilos del mundo.

Joseph Fouché es un protagonista de la Historia, no por representar una ostensible aparición en lo alto del escenario, sino por haber sido una figura que llegó a dictar el rumbo y controlar la sociedad francesa “con más poder sobre los hombres que el mismo Napoleón”.

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