1918. Los últimos de África

Alemania había llegado tarde al “reparto de África». Aun habiendo sido artífice de la celebración de la Conferencia de Berlín en 1884, cumbre internacional en la que las potencias coloniales europeas acordaron la forma de proceder a la partición, el escaso interés del canciller Bismarck en fundar un imperio colonial permitiría que las mayores posesiones fueran a parar a manos de Reino Unido y Francia.

Con el ascenso al trono en 1888 del nuevo emperador Guillermo II, su deseo por impulsar una política expansionista y de miras mundiales se toparía con que la división del «pastel africano» ya no admitía nuevas ganancias territoriales para Alemania. A pesar de ello, tras británicos y franceses, el dominio colonial alemán sería el tercero más grande de África, si bien se trataba de un imperio geográficamente disperso: lo conformaba la franja de Togolandia, Camerún, África del Sudoeste y África Oriental Alemana.

El ejército responsable de controlar y defender dichas posesiones era la Schutztruppe (“Fuerza de Protección”), conformada por una minoría de oficiales alemanes al frente de soldados nativos, conocidos estos últimos como askaris (soldados, en suajili).

La ocupación efectiva del continente por potencias europeas prácticamente había finalizado, a excepción de algunos territorios que lograrían mantenerse independientes, para cuando en 1914 se produjo el estallido de la Gran Guerra. La posesión de colonias por las potencias beligerantes, que les brindaban acceso a mercados que sustentaran la economía de guerra, aportando materias primas y reservas humanas de soldados y trabajadores, provocaría que nuevos frentes estallaran fuera de Europa.

Grabado de un Askari alemán

Escalando a ser un conflicto de alcance global, las trompetas de guerra se hicieron oír en África. Concluida la contienda, las potencias vencedoras ansiaban expandir sus dominios coloniales a costa de incorporar territorios de los derrotados. Consciente de su preocupante inferioridad numérica, con sus colonias dispersas y rodeadas por enemigos, además de encontrarse los mares controlados por la armada británica, Alemania tuvo que adoptar una postura defensiva en el teatro africano.

Nuestros Schutztruppen en África – Richard Knötel

Los mandos militares confiaban en que el resultado de la guerra se decidiría en Europa, concentrando así sus esfuerzos en derrotar a las metrópolis rivales, Reino Unido, Francia y Bélgica, en su propio “hogar”, en lugar de buscar la victoria en un frente que presentaba una perspectiva muy desfavorable. Esto se traduciría en que los territorios de ultramar no habían de esperar refuerzos u operaciones de rescate.

A las pocas semanas del inicio de la guerra en Europa, ocurrido el 28 de julio de 1914, en agosto y septiembre fuerzas británicas y francesas marcharon sobre las colonias alemanas occidentales. Tomados los principales puertos, con sus estaciones de radio y depósitos de carbón, la armada alemana quedó privada de bases, siguiéndole un rápido avance aliado sobre el interior. Con excepción de algún núcleo de resistencia que se mantendría activo, a mediados de 1915 Alemania únicamente conservaba la colonia de África Oriental. Al frente de su defensa, compuesta por 2.500 escasos askari, se encontraba el teniente coronel Paul von Lettow Vorbeck, el León de África.

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Retrato de Von Lettow-Vorbeck, el León de África

Perteneciente a la nobleza terrateniente de Prusia, Paul von Lettow-Vorbeck descendía de un extenso linaje de militares, como atestigua que el tatara-tatara-tataratío del León, o mejor dejémoslo en que un antepasado suyo del siglo XVIII, Wilhelm von Lettow-Vorbeck, sirvió como uno de los generales y asesores más próximos al rey Federico II el Grande.

Tras haber intervenido a principios de siglo en expediciones que suprimieron la rebelión de los bóxers en China y la insurrección de los herero en África del Sudoeste, el teniente coronel recibiría el mando sobre la Schutztruppe de África Oriental poco antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial.

El primer choque de la campaña se produciría en noviembre de 1914 para detener a una fuerza expedicionaria anglo-india que había desembarcado en la ciudad de Tanga, al norte de la colonia. Aprovechando la indecisión del mando británico para desplegar sus tropas, Lettow-Vorbeck pudo movilizar unidades de refuerzo que, pese a su inferioridad numérica, diezmaron las columnas enemigas atrapadas por la vegetación de la selva.

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Batalla de Tanga

Repelido el ataque enemigo y, actuando en contra de la actitud defensiva que sus superiores dictaban, Lettow-Vorbeck emprendería una serie de incursiones contra infraestructuras y asentamientos en territorio enemigo, siendo la decisión del comandante alemán tomar la iniciativa antes de que los aliados pudieran desplegar todo su poder.

La Schutztruppe adoptaría una guerra de guerrillas orientada a dividir las fuerzas contrarias, realizando emboscadas y rápidos contraataques. La adversidad del terreno frondoso y mal comunicado, que impedía el establecimiento de líneas de suministro, obligaría a que los soldados se abastecieran con los recursos de las poblaciones locales. Las principales bajas no se produjeron en combate, sino a causa de los estragos de la fatiga, la malnutrición y las enfermedades.

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Caballería askari reconoce las posiciones enemigas

A principios de 1916, la ya de por sí difícil situación tornó a peor con la entrada de Portugal en el conflicto, haciéndolo por el bando aliado. La colonia quedaba así completamente rodeada por enemigos: al norte los británicos, por el oeste el Congo belga, al sur los portugueses y al este, donde se extendía el océano Índico, la Royal Navy oponía una barrera infranqueable.

No obstante, el éxito cosechado por el León de África impulsaría que el alto mando concibiera un arriesgado intento para aprovisionar a las fuerzas sitiadas. Despegando desde Bulgaria, sí, Bulgaria, el dirigible L59 se dirigiría con medicamentos y municiones al lago Tanganika. Habiendo alcanzado Sudán, el zeppelin recibió un informe erróneo que anunciaba la derrota alemana, provocando que el capitán ordenara dar media vuelta. Pese al fracaso de la misión, el L59 entraría en la historia de la aeronáutica al conseguir cubrir sin escalas un vuelo de más de 6500 kilómetros de distancia.

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Compañía de askari atraviesa un pueblo

La hercúlea resistencia opuesta por los irreductibles soldados del África Oriental cesaría con la rendición de Lettow-Vorbeck el 25 de noviembre de 1918. Lo que ni él ni sus hombres sabían era que la guerra había concluido unos días antes, el 11 de noviembre de 1918, convirtiéndose así en la última unidad alemana en deponer las armas. Durante cuatro años, una fuerza que nunca excedió los 3.000 efectivos alemanes y los 11.000 askari, había contenido a un adversario que llegaría a disponer de 130.000 soldados.

El acuerdo de paz suscrito en Versalles obligaría a Alemania a entregar la soberanía de sus posesiones africanas, siendo repartidas las colonias entre las potencias victoriosas. La desintegración del breve, pero tenaz imperio colonial, acrecentaría el sentimiento de humillación que los alemanes sintieron impuestos tras la derrota, contribuyendo a alimentar la insatisfacción general que apenas dos décadas más tarde conduciría al estallido de un nuevo conflicto mundial.

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