Das Boot

Otoño de 1941. En este punto de la Segunda Guerra Mundial las fuerzas de Alemania se encuentran enfrascadas en la invasión de la Unión Soviética, iniciada cuatro meses atrás; combatir al lado de sus aliados italianos en el Norte de África; y vencer en la batalla naval del Atlántico para socavar la resistencia de Reino Unido. Incapaz de disputar el dominio naval a la temible armada británica, la estrategia alemana para doblegar a Reino Unido se dirige a aislar “la isla” destruyendo la marina mercante que provee de suministros al país. Con la misión de estrangular el tráfico comercial británico, el submarino U-96 se hace a la mar.

En dicho escenario da inicio Das Boot, “El submarino” en alemán, una película de cine bélico y dramático basada en la novela homónima de Lothar-Günther Buchheim. Su labor como corresponsal de guerra le llevaría a unirse a la tripulación de un submarino en una de sus patrullas, con el propósito de tomar fotografías y narrar cómo era la vida a bordo. Fruto de sus experiencias en el U-96, Buchheim tomaría la inspiración para escribir la mencionada obra.

Oficiales del U-96 en el puente de navegación del submarino

El relato original sufriría una serie de cambios en su adaptación como película, lo que no sería del agrado del escritor, pero que le valieron ser nominada a seis premios Óscar y estar considerada como uno de los mejores filmes enmarcados en la Segunda Guerra Mundial.

Tal reconocimiento se debe a la capacidad de la obra para “sumergir” al espectador en lo claustrofóbico y angustioso de vivir en un submarino, donde se suceden grandes períodos de aburrimiento por inactividad con momentos de absoluto terror cuando los navíos enemigos emplean sus armas para echar a pique el sumergible. A ello se suman las privaciones y falta de higiene propias de un habitáculo hermético y tan reducido. Más allá de su capacidad inmersiva, la película ofrece una visión directa sobre la falta de medios del arma submarina, en contraste con el papel primordial que tuvo que desempeñar durante el conflicto.

Reflejo de dicha precariedad son los 57 sumergibles de los que disponía la armada, la Kriegsmarine, al comienzo de la guerra en septiembre de 1939. Una cifra insuficiente si se compara con los 250 que estaban previstos en los planes de reconstrucción de la marina de guerra. Lo desacertado de la planificación naval alemana se revelaría tras los escasos éxitos cosechados en 1940 por la Luftwaffe, la fuerza aérea, en sus esfuerzos por doblegar a Reino Unido.

Debiendo renunciar a una invasión anfibia, se optó porque la Kriegsmarine atacara la flota mercante británica. Necesitada “la isla” de 130.000 toneladas diarias de suministros exteriores, provistos por 2.000 navíos que simultáneamente debían estar en alta mar, el hundimiento de los buques que mantenían el esfuerzo bélico británico parecía la opción más plausible para forzar su capitulación.

Se denominó como “los tiempo felices” a la segunda mitad de 1940, etapa de la guerra durante la cual las operaciones navales lograron hundir o averiar más de un millar de barcos. Pese a los retrasos en la construcción de nuevos submarinos, la concesión de personal o de medios para la investigación, los U-boot probaron ser un arma de gran eficacia, versatilidad e inferior gasto en comparación con la flota de superficie compuesta por acorazados, acorazados de bolsillo y cruceros pesados.

U-boot – Augusto Ferrer Dalmau

El hundimiento en marzo de 1941 del acorazado Bismarck, orgullo de la Kriegsmarine, hizo borrar la idea de poder derrotar a la Royal Navy en combates de superficie, poniéndose de relieve la gran ocasión desperdiciada por no haber destinado los recursos necesarios para la actividad submarina, e incrementar el considerable daño que esta había estado ocasionando.

Para aquel momento, el Almirantazgo británico había aprendido la lección, reforzando las medidas de seguridad de sus convoyes, equipando mejores armas de lucha submarina e implementando nuevos sistemas de detección. Las cacerías de los U-boot comenzarían a sufrir una significativa reducción en el número de sus presas hundidas, a la par que sus propias pérdidas irían en aumento.

Se viviría un segundo “tiempo feliz” durante el primer semestre de 1942, pero quedaban muy lejos aquellos meses en que, tal y como Churchill recogió en sus memorias: “lo único que realmente me asustaba durante la guerra era el peligro de los submarinos alemanes […] En esos momentos peligraba nuestra línea vital”.

Cabe también destacar que la película aprovecha a mostrar los pensamientos, conflictos y desilusiones de la tripulación, por medio de los cuales se muestran distintos puntos de vista sobre la opinión de la guerra. Ejemplo de ello es que el capitán del U-96 reproche la ausencia de colaboración brindada por la Luftwaffe. Su insuficiente apoyo durante el conflicto agravaría la limitación de las capacidades operativas de los U-boot. Sin disponer de aviación propia ni de adecuado respaldo por la Luftwaffe, los buques de la Kriegsmarine se encontrarían sin reconocimiento aéreo y en franca desventaja frente a las fuerzas enemigas.

A su vez, Das Boot no persigue trazar una distinción maniquea entre un bando y otro, uno bueno y otro malo, sino brindar al espectador una manifestación de la dureza de los combates que se libraron en alta mar. Así lo atestigua el horror despertado en los marinos alemanes al ver cómo la tripulación de un buque mercante torpedeado es devorada por las llamas y el oleaje (32.000 hombres de la marina mercante británica perdieron la vida durante la guerra). Ante las peticiones de acudir en ayuda de los supervivientes, lo trágico de la escena es coronado con un terminante “tenemos órdenes previas de no socorrer al enemigo”.

Dicho mandato verdaderamente existió, conociéndose como la Orden Nº 154, por el que ya desde comienzos de la guerra se instruía a las naves de la Kriegsmarine la prohibición de brindar salvamento a los tripulantes de las embarcaciones enemigas hundidas. Ello no impidió que se produjeran episodios espontáneos de rescate.

Tripulantes de los U-156 y U-506 ayudan a los náufragos del RMS Laconia

Das Boot nos introduce a conocer desde la perspectiva de la lucha submarina un teatro de operaciones que generalmente pasa desapercibido en la inmensidad del conflicto. Más allá de transmitirlo por medio de un relato que consigue con gran acierto mostrar cómo de penosa y arriesgada era la vida de quienes tomaron parte, ayuda a explicar que, de entre todas las ramas de las Fuerzas Armadas alemanas, el arma submarina fuera la más castigada, sufriendo un 70% de desaparecidos y muertos entre sus tripulaciones.

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