Un minuto de Juan Bautista Maíno

Nacido en Guadalajara en 1581, fue un destacado pintor barroco.

Hijo de comerciante milanés y madre portuguesa que estuvieron al servicio de la duquesa de Pastrana, su biografía tiene lagunas, pero se infiere por su estilo pictórico e informes de la época, que tuvo influencia italiana, derivada de sus varios viajes a Roma y Milán. 

En Roma fue influido por el naturalismo caravaggiesco y el clasicismo boloñés. Además, conoció a los pintores Gentileschi, Guido Reni y Annibale Carracci, de quien asimismo recibió influencias. 

Su vocación religiosa le hizo ingresar en la Orden Dominica, pero nunca le apartó de la pintura, realizando más trabajos para el convento. 

Pentecostés

Maíno se convirtió en un gran exponente español del caravaggismo y naturalismo propios de la época, pero dotándolos de un toque muy personal. Además, su faceta retratista fue alabada por sus contemporáneos. 

Fue profesor de dibujo del futuro Felipe IV, y tras ello, siguió fuertemente vinculado a la Corte realizando varios trabajos, entre ellos; La recuperación de la Bahía de Brasil, para el Casón del Buen Retiro. A su paso por la Corte, trabó una gran amistad con el excepcional Diego Velázquez, a quien trató como su protegido y favoreció en lo que pudo, como por ejemplo eligiéndole para pintar una obra acerca de la expulsión de los moriscos, lo cual afianzó su posición en la corte pero que, desgraciadamente, se perdió en el incendio del Alcázar de Madrid de 1734. 

En 1612 recibió su encargo más ambicioso hasta el momento: pintar el retablo del convento de San Pedro Mártir de Toledo, formado por 10 pinturas de distintos tamaños, hoy conservadas en el Museo del Prado, y que son el mejor y mayor exponente de su obra.

Muere el 1 de abril de 1648 en el Convento de Santo Tomás, Madrid.